¡A procrastinar!

Procrastinación. Ese nuevo, y no tan nuevo concepto, que siempre nos ha rondado y que recientemente se oye con más fuerza.

Ahora bien;

¿Qué es exactamente?

No es otra cosa que la ación o el hábito de postergar alguna tarea que debe atenderse, sustituyéndola por otra, que nos resulte más apetecible o interesante.

Es increíble, pero tenemos una asombrosa capacidad para encontrar alguna actividad o tarea paralela que, siempre justifica sobradamente, la postergación de la actividad inicial. De tal manera que, una llamada a tu madre, adquiere prioridad máxima, frente a una intensa sesión de estudio de gramática inglesa. Perfectamente comprensible.

Supone en el fondo, una conducta de evitación. El problema de todo esto estriba en que; el hecho de posponer una tarea, no supone su desaparición, es decir, sigue en tu lista de cosas pendientes.

¿Qué puede ayudarme a romper con mi tendencia a la dilación?

Nos encontramos ante un problema de autorregulación. Es posible cambiar ese comportamiento, pero como en todo, tiene que haber disposición hacia el cambio; sabiendo que será necesario invertir energía en ello. Generalmente, la técnica empleada en estos casos, responde a un abordaje cognitivo-conductual; no obstante, a continuación recopilo una serie de herramientas, que podrían sernos de gran utilidad.

 Reflexiona y recicla: Es el momento de hacer un repaso a la lista mental de cosas pendientes y determinar, en qué merece la pena invertir tiempo y energía, en que no. Recicla ideas y has tu lista manejable.
Divide y vencerás: Muchas veces ocurre que nos vemos desbordados por una tarea en cuestión; bien porque sentimos que es demasiado complicada, creemos que nos faltan recursos para hacerle frente etc. Es el momento de coger la tarea y dividirla en pequeñas tareas mas manejables y de fácil resolución.
Metas: No trabajes sobre el aire. Fija metas por escrito, que sean realistas, específicas y alcanzables. Ponte pequeños objetivos a cumplir a corto plazo.
Creando rutinas: Parece un tópico, pero hemos de reconocer que ayudan. Los seres humanos trabajamos muy bien con hábitos, todo aquello que pasa a instaurarse en nuestra rutina diaria, queda tan automatizado, que apenas supone un esfuerzo.
Elimina distracciones: Aparca a un lado, todo aquello que sabes que es una clara fuente de distracción, cada vez que te propongas arrancar una tarea poco agradable. Por ejemplo, la televisión, el móvil, una revista etc. ¡Facilítate las cosas!
Gestiona tu energía: Tu eres la máquina que mueve todo. Escucha tu cuerpo. Si estás triste o irritado, déjalo estar. Forzarte a hacer algo que no te motive en ese momento, es probable que solo te reporte mayor malestar, aumentando tu frustración. Aquí no estamos hablando de procrastinar, sino de ser consecuentes con nosotros mismos.
Disfruta: ¿Por qué cumplir con esa tarea tiene que convertirse en algo tedioso? Hay muchas maneras de encarar una misma actividad. Encuentra el lado «más positivo» y motivante de aquello que haces.
Premia tus logros: Recompénsate. Te lo has merecido. Premia cada meta cumplida con aquello que ames. Siéntete bien y satisfecho del esfuerzo realizado.
Acepta la imperfección: Ten presente que ante todo somos personas, y como tales, somos muy complejos y variables. No siempre conseguirás tus metas y no siempre triunfaras en tus tareas. No desesperes. Se benevolente contigo mismo; pues en toda imperfección reside el aprendizaje. Saca alguna enseñanza de todo lo que haces, ahí estará siempre tu éxito.


No son recetas mágicas, seamos sinceros. Pero por algo se empieza. Anota estas recomendaciones en tu mente y empieza a poner en práctica alguna de ellas. ¡A trabajar en ese cambio!

Si tienes cualquier duda o necesitas profundizar en algo más, ¡ya sabes dónde encontrarme!