¿Y ahora qué? Consejos para la nueva normalidad.

Después de una catástrofe, hay una revolución.

Boris Cyrulnik. Neurólogo y Psiquiatra.

Esta es la pregunta que más he escuchado a mi alrededor ultimamente. ¿Y ahora qué? ¿Qué va a pasar con nosotros tras nuestro encuentro con el COVID? ¿Qué será de mis rutinas, qué será de mis planes de verano…? ¿Qué será de mi vida sin ese ser querido que el Covid me quitó?

No cabe duda que la experiencia que estamos viviendo está marcando un antes y un después en la historia de nuestras vidas. Este ser microscópico ha conseguido poner patas para arriba el mundo entero, alterando todo en él. Nos hemos visto obligados a parar nuestro trabajo, nuestras rutinas, nuestra vida. A refugiarnos en casa, para proteger nuestra salud y la de la gente de nuestro alrededor.

Lo hemos hecho de forma valiente y comprometida, con grandes esfuerzos en muchas ocasiones.

Ahora, que parece que empezamos a recuperar cierta normalidad, vamos retomando nuestra actividad laboral de siempre, aunque las circunstancias no son las de siempre.

Sabemos que tras una vivencia como esta, que genera gran incertidumbre, que ha sido imprevista y que ha tenido un gran impacto; es natural que aprezcan en nosotros sentimientos de malestar. Es posible que nos sintamos ansiosos, tristes, irritables, puede aparecer miedo a volver a nuestro trabajo, quizás nos cueste desconectar o disfrutar con las cosas con los las que antes disfrutábamos.

En este sentido, date tiempo para adaptarte; no será algo inmediato. Si bien es cierto que los seres humanos tenemos una gran capacidad de adaptación, también tenemos a menudo, mucha necesidad de inmediatez. Seguramente muchos de nosotros estemos deseando dejar de lado todo lo que ha sucedido, y seguir con nuestra vida donde la dejamos. Pero este ejercicio no será tan instantáneo, y seguramente nos cueste más tiempo del que nos gustaría volver a la rutina como solíamos hacer.

Es por eso que te recomiendo que seas paciente contigo mismo. Seguramente al voler a la rutina, ésta no sea tal y como la recordamos. La situación habrá cambiado, y seguramente nosotros también; por lo que nos cueste estar al «cien por cien» el primer día.

Puedes experiementar sensación de cansancio constante, y tener las emociones a flor de piel. Podemos estar más irascibles, lo que facilitan roces y conflictos entre compañeros. Por eso será muy importante la comunicación, y compartir lo que sientes y te preocupa. Recuerda que los demás no pueden adivinar lo que te sucede. Si alguna cosa que te preocupa, molesta o te hace sentir mal, compártelo con alguien de confianza. Esto puede ayudarte a gestionar esasa emociones de una forma más saludable.

En definitiva, cuando hacemos frente a dificultades, la base estará siempre en nuestro AUTOCUIDADO. En la medida en que atiendo mis necesidades físicas y emocionales, mejor me sentiré para afrontar el desafío.

¿Cómo puedo cuidarme?

Eschútate y hazte caso. Date un momento de toma de consciencia y mira qué te está diciendo tu cuerpo, qué necesita de ti, y ponlo en práctica.

  • Mantén tu cuerpo en calma:
    • Practica técnicas de relajación y respiración diafragmática. Son estrategias de gran utilidad para desacelerar nuestro organismo, reducir revoluciones y generar una sensación de bienestar físico (y también mental).
    • Has ejercicio físico con regularidad. El ejercicio favorece la liberación de endorfinas, así como serotonina y dopamina, que son unas sustancias químicas que contribuyen a experimentar una sensación de bienestar, calma y plenitud.
  • Mantén tu mente en calma:
    • Practica ejercicios de atención plena. Guarda un momento en el día para tomar consciencia de dónde estás, cómo te sientes, disfrutar de algún detalle como los sonidos de tu alrededor, de las sensaciones corporales que sientes en el momento… Eso te ayudará a desconectar el piloto automático y adquirir una sensación de calma.
    • Busca la compañía de tus familiares y amigos.
  • Evita la sobreinformación: tan negativo puede ser la ausencia total de información como un exceso de la misma. Demasiada información puede sobresaturarnos y pocionarnos en un estado de hiperalerta, que favorecerá un mayor agotamiento. No confundir un cierto nivel de alerta y atención, que nos permite mantenernos cuidadoso con las medidas de higiene y de distancia social por ejemplo, con un nivel de hiperalerta, que me impide salir de casa por miedo a contagiarme. Como siempre, la clave está en la justa medida.

Seguramente, si echamos la vista atrás podemos recordar otros momentos difíciles, que habremos conseguido superar. De los que aprendimos mucho y que han contribuido a formar la persona que eres a día de hoy.

Igualmente, no estás solo/a en esto. Si necesitas una mano, no dudes en contactar conmigo, estaré encantada de acompañarte un tiempo en tu camino.

Si tienes cualquier duda o necesitas profundizar en algo más, ¡ya sabes dónde encontrarme!