Herramientas para convivir con el dolor crónico

A estas alturas conocemos un poco mejor qué es el dolor crónico, por qué me duele, y la influencia de las emociones en nuestra experiencia de dolor. ¿No sabes de qué te hablo? Te invito a que leas aquí

el post anterior en el que explicaba estas cuestiones. 

Si ya lo has hecho, quédate conmigo para explorar algunas herramientas que nos pueden ser de utilidad en nuestra relación con el dolor crónico. 

Recuerda que el dolor es un proceso complejo en el que intervienen factores físicos, mentales y emocionales, interrelacionados. A continuación te propongo 6 pautas que pueden ser de ayuda en el manejo de tu dolor. 

1. Sigue las indicaciones y las pautas de tratamiento proporcionadas por tu médico:

como vimos, existen diferentes estrategias que a nivel médico pueden ser de ayuda en la reducción de la intensidad de dolor (fármacos, infiltraciones…) Déjate guiar por los consejos de tu especialista a la hora de iniciar cualquier tratamiento, sigue la pauta marcada, así como las consultas de seguimiento propuestas. Explícale con el máximo detalle posible cómo te sientes, y qué alivios has podido notar, o no, con cada uno de los tratamientos pautados. Cada caso es único, y esta será la mejor manera de poder dar con el tratamiento más adecuado para ti.

2. Mantente en movimiento:

La reacción normal ante el dolor es reducir la actividad física. Tenemos miedo de empeorar el dolor si nos movemos o si hacemos cualquier actividad física. Es importante aclarar que este miedo es infundado. En el dolor crónico, la lesión tisular no es el problema, pero sin embargo adoptamos la misma conducta. Si me duele la rodilla empiezo a caminar mal para proteger esa rodilla. Voy “compensando” con otra parte de mi cuerpo y el problema es que cuando llevo mucho tiempo haciendo esto, se altera mi esquema corporal y aparecen nuestro dolores. Por eso en la medida de lo posible mantente en movimiento. 

3. Ejercicio sí, pero no de cualquier manera:

Está muy relacionado con el punto anterior. El ejercicio físico frecuente y continuado ha demostrado ser eficaz a largo plazo para paliar los efectos de los síntomas relacionados con el dolor, como el cansancio, la fatiga y el insomnio, ayudando también a nuestra salud mental. En este sentido es muy importante introducir la práctica de ejercicio físico, de forma muy progresiva y adaptando los ejercicios a nuestra capacidad; para después, poco a poco si es posible, ir incrementando la intensidad y duración. Muy importante comenzar por un calentamiento de unos minutos, realizar la práctica de ejercicio y estiramientos y terminar con unos momentos de reposo.

4. Practica la relajación:

Entre sus múltiples beneficios nos ayuda a disminuir el estrés, controlar la ansiedad, disminuye la frecuencia cardíaca, reduce la tensión muscular y la percepción de dolor y nos hace sentirnos más descansados. Además el entrenamiento en relajación progresiva de Jacobson por ejemplo, nos ayuda a ganar consciencia corporal para notar cuándo tenemos algún músculo en tensión y poder relajarlo. 

5. Da salida a tus pensamientos limitantes:

Sabemos que el dolor puede cambiar nuestra forma de pensar, de la misma manera que nuestros pensamientos también influyen en nuestro dolor. Por ejemplo, si pienso cosas del tipo “este dolor no se me va a ir nunca, soy incapaz de hacer nada… este dolor no me deja vivir…”vamos cargando la experiencia de dolor, de manera que va a ser realmente difícil convive con él. Es importante recordar que nuestros pensamientos no siempre son certeros y que a veces es necesario poner en duda lo que nos afirman. Si quieres saber más sobre las trampas de los pensamientos negativos y cómo ponerles freno, te invito a que leas este post. 

6. Fomenta las emociones positivas realizando actividades placenteras para ti:

A veces nos focalizamos en exceso en el dolor que nos olvidamos de cómo disfrutar con cosas con las que antes solíamos hacerlo. Quizás haya cosas que ahora mismo no puedas realizar, pero seguramente haya otras que sí, escuchar música, leer, pasar tiempo con tus hijos, salir a caminar… O quizás haya nuevas cosas que puedes probar. Ábrete a poder experimentar emociones positivas.

Estas son solo algunas cosas que podemos trabajar, en definitiva todas están centradas en el autocuidado personal físico, mental y emocional, como motor para mejorar mi relación con el dolor y no dejar que sea él, el motor de mi vida. 

Es cierto que no es un proceso sencillo y que quizás en ocasiones no puedas hacerlo solo/a. Ser consciente de que necesitamos ayuda y pedirla es también cuidarse. No dudes en recurrir a terceros, o a un profesional si lo necesitas. 

Si tienes cualquier duda o necesitas profundizar en algo más, ¡ya sabes dónde encontrarme!

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