Entendiendo el dolor crónico

Para muchas personas, vivir con dolor es una experiencia que ocupa gran parte de sus vidas. Ese dolor se convierte en compañero inseparable que se aferra a nosotros sin querernos soltar, temeroso de que se nos pueda olvidar que está ahí.

Con el paso del tiempo, esa presencia de torna más pesada. Desgastamos nuestra energía intentando librarnos de él, pero no podemos. ¿Y entonces? ¿Debo resignarme a vivir con dolor?

Como todo en esta vida, nada es tan blanco ni tan negro como parece. Nosotros, al igual que el blanco (compuesto por todos los colores primarios), somos el resultado de nuestro físico, mente y emociones. ¿Qué quiere decir esto? que lo que me pasa a nivel físico influye, y se ve influido de forma simultánea, por nuestros pensamientos y nuestras emociones. Es decir, que si yo me siento mal a nivel físico, mis pensamientos seguramente sean negativos (relacionados con lo que no podré hacer porque me encuentro mal) y tendré un ánimo bajo. 

La experiencia de dolor es una experiencia muy compleja y desagradable, en la que intervienen múltiples factores y variables. El dolor se entiende como una reacción asociada a un daño tisular (en un tejido, órgano etc) real o potencial, sobre el que influyen componentes sensoriales, emocionales y sociales. 

A lo largo de los siguientes post, me gustaría que nos acercáramos un poco a esta realidad del dolor. Entender cómo interactúa con nosotros, cuáles son sus consecuencias y aprender una nueva forma de relacionarnos con él. 

Sabemos que vivir con dolor puede ser difícil, llegando a causar mucho estrés y afectando a otras áreas de tu vida. Para poder “hacer algo” con ese dolor, lo primero es tratar de que entender el dolor crónico y cómo influye en nosotros.

¿Por qué nos duele?

El componente físico del dolor

Cuando nos lesionamos, por ejemplo nos pinchamos con un alfiler, aparece un dolor intenso y agudo, que normalmente desaparece una vez hemos apartado del lugar que ha causado la herida y la lesión se cura. Es un dolor que tiende a durar poco tiempo, hasta que se reparan los tejidos afectados. Sin embargo, en algunos casos, el dolor inicial puede mantenerse en el tiempo, transformándose en dolor persistente o crónico. En estos casos, el dolor tiene menos que ver con la lesión que se produjo en los tejidos, y más con el sistema nervioso

Imagina que sacas una fuente de horno con un paño muy fino, y te acabas quemando. Esa información viaja por nuestro sistema nervioso hasta nuestro cerebro, donde se interpreta esa señal como peligrosa o inofensiva; activando el botón que regula la intensidad de nuestro dolor (máxima intensidad de dolor, mínima intensidad o apagado) en función del resultado de su interpretación. En este caso, el dolor será máximo, lo que te obligará a retirar la mano de la fuente de horno con gran rapidez.

Recuerda que ese dolor inicial, es el mecanismo de defensa que tiene nuestro cuerpo, para protegernos de una potencial amenaza o lesión grave para nuestro organismo. Lo que sucede, es que en los casos de dolor crónico, esa interpretación que se hace de forma inconsciente en nuestro cerebro, y que está influenciada por nuestros conocimientos, creencias, memorias previas de dolor y emociones; puede dar lugar a una evaluación sobreestimada de la amenaza externa y activar el dolor precipitadamente. Es decir, mi cuerpo al estar mucho rato en una silla, por ejemplo, percibe la presión del respaldo sobre la zona lumbar, como una potencial amenaza, y al igual que hacía cuando nos pinchábamos con el alfiler o tocábamos la fuente de horno, activa el mecanismo de dolor, con la finalidad de que te alejes de esa fuente de amenaza, en este caso la silla. Pero, ¿la silla es realmente un potencial peligro para mi organismo?

El papel de las emociones en el dolor crónico:

Las emociones están presentes en todo lo que hagamos, incluida nuestra experiencia de dolor. 

Piensa por un momento en los días en los que has estado preocupado/a por algo, enfadado/a o triste. ¿Qué ha pasado con cuerpo, te sentías activo o cansado? ¿has podido descansar bien? ¿y que ha pasado con tus dolores? Por regla general, cuando nos sentimos decaídos o enfadados por algo, se fomentan hábitos negativos, no tenemos ánimos para hacer nada, nuestro cuerpo se tensa, por lo que se incrementa la sensación de dolor, nos cuesta conciliar el sueño, estamos más cansados, nos cuesta concentrarnos… en definitiva, todo nuestro yo acaba viéndose afectado. 

No queremos decir con esto que las emociones desencadenen el dolor crónico, o que controlando nuestro estado de ánimo el dolor vaya a desaparecer por completo. Pero sí es cierto, que nuestra salud general y particularmente la experiencia de dolor, están enormemente influenciados por nuestro estado emocional. La capacidad de autogestionar mis emociones puede ser de gran ayuda a la hora de no intensificar un malestar que ya siendo a nivel físico. Es decir, ¿te has fijado que quizás los días que estás de mejor humor, que has pasado un rato agradable con tu pareja, o con tus hijos, el dolor se percibe de otra manera?

Es por ello que aprender estrategias de gestión emocional, que nos ayuden a regular nuestras emociones negativas y fomentar un estado de calma y serenidad, será también parte del tratamiento del dolor crónico. Desde luego no será la única herramienta que podamos utilizar, pero es bueno tener presente, que al igual que el médico me prescribe analgésicos y antiinflamatorios, la autogestión emocional y las técnicas de relajación, también están prescritas en esa receta.

El círculo vicioso del dolor

El mundo no espera que te encuentres mejor, por lo que tienes que continuar haciendo frente a tus quehaceres cotidianos, antes los cuales a veces simplemente, no puedes responder. En este contexto, es normal que aparezcan sentimientos negativos de rabia, frustración, rechazo, peligro, tristeza, preocupación…

No es extraño que acabes por abandonar determinadas actividades, dejes de hacer cosas que antes te gustaban, dejes de salir con tus amistades o familia, dejes de trabajar… porque piensas que el dolor no te deja hacerlo. Te focalizas en exceso en ello, no le encuentras soluciones por lo que te voy sintiendo cada vez peor.  Entonces tu cuerpo, ante la inactividad comienza a debilitarse a nivel muscular, a tensarse y contracturarse, lo que se traduce más adelante es más dolor, más inactividad, más aislamiento, más malestar.

¿Qué se puede hacer con el dolor crónico?

En el caso del dolor crónico, no existe a día de hoy tratamiento, rehabilitación etc que permita curarlo por completo. La intervención que se realiza nos ayuda a aliviarlo de forma puntual, pero no consigue su completa desaparición. Como te decía, estamos ante un proceso complejo, en el que intervienen muchos sistemas, físico, mental y emocional. Por lo tanto, para que la intervención sea de ayuda, debe atender a todos estos niveles, no solamente al plano físico. Es por ello que la intervención adecuada sería aquella que se realiza, combinando tratamientos farmacológicos (analgésicos, opioides…), otros tratamientos médicos (infiltraciones), y estrategias no farmacológicas como estrategias como la práctica de ejercicio físico o la gestión del estrés. Estos dos últimos aspectos son particularmente útiles, pues sobre ellos tú tienes cierto control.

En próximos post, me gustaría centrarme en algunos recursos, especialmente a nivel emocional, que te pueden ayudar a entender mejor el dolor crónico y a mejorar tu relación con él. 

Mientras tanto, te dejo por aquí un vídeo muy didáctico, que creo explica muy bien la experiencia del dolor. Te invito a que le eches un vistazo.

Si tienes cualquier duda o necesitas profundizar en algo más, ¡ya sabes dónde encontrarme!

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