5 claves para superar tus miedos

Seguro que en algún momento de tu vida, o quizás ahora mismo, hayas pensado esto: ¿Qué hago para superar el miedo que siento? ¡Qué fácil sería mi vida si no tuviera miedo a nada. Haría de todo, conseguiría lo que quisiera… podría vivir más plenamente! 

Pero yo te pregunto; ¿estás seguro de eso? ¿es el miedo algo que debemos desterrar por completo de nuestras vidas?

Tomando las palabras de Nelson Mandela “No es valiente quien no tiene miedo, sino quién sabe conquistarlo” Y es que, imagina por un momento no sentir miedo alguno. Probablemente al no tener medida del peligro, correríamos riesgos innecesarios, tendríamos quizás actitudes más temerarias que podrían llegar a poner en peligro nuestra salud. 

Es importante tener presente que si el miedo está, será por algo. De hecho, el miedo viene “de serie” instalado en nosotros. Es una emoción universal y básica del ser humano, que existe en todas las culturas. Forma parte de nuestro instinto de supervivencia. ¡Y gracias a que lo tenemos! porque, ¿qué hubiese sido de nuestros antepasados homínidos, si no hubieran temido a los depredadores? 

Al final, el miedo es esa barrera entre tus conductas y el mundo. Es esa voz que te avisa de un posible peligro, que te hace valorar los riesgos y consecuencias si algo sale mal, que te hace ser precavido y cauto. En definitiva, es ese Pepito Grillo que aconsejaba a Pinocho, que vela por tu seguridad y que te hace pensar dos veces las cosas “no sea que vayas a hacerte daño”. 

Podemos decir entonces que la función del miedo es garantizar nuestro bienestar y asegurar nuestra supervivencia, haciéndonos evitar riesgos innecesarios. ¡Qué bueno es tener un consejero que te asesore y aleje de todo mal! 

El problema viene cuando ese Pepito Grillo se vuelve excesivamente sobreprotector. Cuando empieza a ver fantasmas dónde no los hay y a sobredimensionar las amenazas, bloqueándote o impimiéndote avanzar.

Pepito Grillo protector vs Pepito Grillo sobreprotector

Como hemos visto, el miedo tiene una función de protección y cuidado de nosotros mismos. Es lo que hace que no salte de una roca, si no sé qué tan profunda es el agua, o que no lleve el coche a 120km/h por una carretera de doble sentido y con curvas. 

Es ese Pepito Grillo sabio que te indica dónde cree que están tus límites. Repito, dónde cree que están. Y es que el miedo puede ser visto como algo que te desafía a romper tus cadenas y poder así avanzar, progresar y crecer. Desarrollarte en la dirección que deseas. 

Yo siempre digo a mis pacientes que para conseguir resultados diferentes, tenemos que hacer cosas diferentes. Y muchas veces, lo nuevo y desconocido produce cierta angustia y miedo. Empezar a cambiar puede dar miedo. Si lo sientes, adelante. Eso significa que vas por el buen camino. 

Sin embargo, un miedo excesivo o irracional (el Pepito Grillo sobreprotector) puede hacer que rechace cambiar de trabajo por temor a que sea peor que el que tengo ahora, o que no salga a la calle por miedo a sufrir un accidente. Aquí el miedo me paraliza, me impide optar a una oportunidad de trabajo que podría ser mejor que la actual, o hace que me aisle del mundo y de mis amistades al no salir de casa, pensando en las múltiples posibilidades de sufrir un accidente, en ese mundo hostil que es el exterior. 

En este caso, el medidor de peligro de mi miedo está distorsionado. 

  • Ve fantasmas donde no los hay, es decir, sobredimensiona los peligros. 
  • Pone el foco únicamente en los aspectos negativos y no tiene en cuenta otros aspectos de la realidad. 
  • Te aconseja que huyas, como método para hacer frente a las dificultades.

¿Por qué tengo miedo?

A veces, experiencias traumáticas o impactantes, que nos hayan hecho sentirnos vulnerables en un momento dado, pueden hacer que pasemos a estar más “sensibilizados” respecto a los peligros que nos rodean. En otras ocasiones, son miedo “heredados” de nuestros mayores.

Si por ejemplo un padre/madre tienen miedo a los perros, es muy probable que su hijo también desarrolle ese miedo. Pues ha visto cómo sus padres reaccionan con temor, alejándose del animal. Seguramente haya escuchado frases del tipo “no te acerques a los perros que veas en la calle, que no sabemos como son e igual te muerden. Hay que tener cuidado”. Todo esto queda grabado en nuestra mente y por tanto se integran como nuestros patrones de conducta.

Los miedos pueden ser irracionales y tóxicos, pueden bloquear nuestro potencial, por lo que también nos hacen sufrir.

¿Qué puedo hacer para superar mis miedos?

  1. No eches a correr: La primera respuesta natural al tener miedo es huir. Salir corriendo en la dirección contraria. Pero si hay algo que tiene el miedo es que se crece con cada paso hacia atrás que das, hasta el punto en que se acaba teniendo miedo al propio miedo. 
  2. Pregúntate ¿Es un miedo real o irracional?: recuerda que nuestro cerebro es experto en adornar la realidad y “montarse la película” antes de tiempo. Trata de detectar si hay pensamientos limitantes e irracionales y ponlos en duda. (Aquí te dejo un post en el que hablamos sobre ello)
  3. Tu miedo no tiene porque ser tu enemigo: como hemos dicho antes; si el miedo está, será por algo. No dejes que te paralice. ¿Cómo se hace eso? Mira cuándo y cómo se manifiesta. Observa que el miedo al final es solo una sensación corporal. Normalizarlo como una emoción incómoda y pasajera, te ayudará a entenderlo y a empezar a afrontarlo. 
  4. Una oportunidad para crecer: exponte poco a poco a esa situación temida. Si temes cambiar de trabajo, te da miedo hablar en público o montar en patines; puedes hacer una pequeña lista de “retos” de forma que vayas acercándote cada vez más a tu objetivo final. Un paso cada vez. Dividir las dificultades nos ayuda a manejarlas mejor. 
  5. Cuida un poco de ti: practica técnicas de meditación, relajación o recursos que te ayuden a recargar pilas y a relajarte. Es una buena recompensa por el esfuerzo realizado. 

Recuerda: el miedo no es tu enemigo. Si aparece es porque trata de decirte algo, escucha, estate abierto a lo que sucede en el momento y cuestiona si es un miedo real o irracional. Porque muchos de nuestros fantasmas, sólo existen en nuestra cabeza. 

Si tienes cualquier duda o necesitas profundizar en algo más, ¡ya sabes dónde encontrarme!

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